¿Puede condicionar el formato de un prospecto la compra de un medicamento?

Desde 2008 es obligatorio en España que los prospectos de los medicamentos superen un test de legibilidad, es decir, de facilidad de lectura. Sin embargo, diversos estudios de análisis de la legibilidad en prospectos muestran que la legibilidad en prospectos es mejorable y que solo un porcentaje muy bajo (30 %) de los prospectos analizados presentan un grado de legibilidad “aceptable”.

Imagen Lectura Erronea

¿Por qué deben superar un test de legibilidad los prospectos de los medicamentos?

El objetivo del test de legibilidad es demostrar que los usuarios pueden localizar la información en un prospecto fácilmente, que la entienden y que pueden explicarla con sus propias palabras.

Es necesario realizar el test por varias razones:

  • Para verificar que el prospecto refleja el contenido de la Ficha técnica y así evitar quejas de los pacientes por encontrar información inconsistente.

  • Para evitar prospectos demasiado largos o complejos, mal estructurados, mal diseñados o mal redactados, lo que lleva a una pérdida de interés por parte del paciente que acaba no leyendo ni entendiendo información crucial para el uso correcto y seguro del medicamento.

  • Para asegurar que la información contenida en el prospecto es útil y comprensible para los potenciales usuarios.

Legibilidad y usabilidad de un prospecto: ¿son lo mismo?

La legibilidad y la usabilidad de un prospecto están intrínsecamente relacionadas. La mejora de la legibilidad de un prospecto implica la mejora directa de la usabilidad. Cuanto más fácil de leer es un prospecto, más facilitamos el uso del medicamento y más probabilidades hay de que el paciente haga un uso correcto del mismo.

A lo largo de varias entregas vamos a incidir en diferentes aspectos que mejoran la legibilidad de un prospecto y, por tanto, su usabilidad. Ya hablamos en una entrada anterior sobre la importancia de la tipografía en los prospectos y cualquier documento impreso. A continuación, hablamos sobre la extensión de un texto y su relación con la legibilidad.

Imagen Lectura Erronea

“Podemos conseguir que un texto largo invite más a la lectura que uno corto”.

El problema no es que un prospecto sea extenso, es su formato

La extensión total del texto de un documento es un factor que intimida a los usuarios con baja competencia lectora (25 % de los españoles según estudios de la OCDE) haciendo que lleguen a concluir (basándose únicamente en la longitud) que leer el documento va a ser demasiado difícil. Imaginemos el agravante de este hecho en el prospecto de un medicamento que además contiene información técnica compleja para el usuario.

Sin embargo, lo curioso de este asunto es que la percepción de “extenso” y “difícil de leer” que tienen las personas de un documento no lo es tanto por la extensión del documento en sí como por el formato. Si mejoramos el formato de un documento, podemos conseguir que un texto largo invite más a la lectura que uno corto.

Lo vemos en el siguiente ejemplo de un texto con información sobre un seguro médico.

En este párrafo “difícil de leer” la tipografía “sans serif” resulta dura en una primera impresión, las frases son largas y complicadas y el párrafo resultante es un bloque de texto muy extenso. Además, el tono empleado es impersonal y distante.

Imagen Lectura Erronea

Esta versión es más simple, las frases son más cortas, la información está bien estructurada y el tono empleado es directo y cercano. A priori, es un texto que resulta más “fácil de leer” pese a ser más extenso que el anterior.

Imagen Lectura Erronea

Como hemos visto, un formato usable y estructurado puede favorecer la lectura frente a un texto sin formato sin importar su extensión. La mayoría de las veces, cuando las personas comienzan a leer un texto extenso pero con un formato amigable se sienten aliviadas al ver que son capaces de entender la información y navegar por el documento fácilmente y se ven animadas para continuar la lectura.

Podemos mejorar la legibilidad de un prospecto y de cualquier documento médico empleando un formato adecuado para el texto por muy extenso que éste sea.

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¿Puede condicionar el formato de un prospecto la compra de un medicamento?

Desde 2008 es obligatorio en España que los prospectos de los medicamentos superen un test de legibilidad, es decir, de facilidad de lectura. Sin embargo, diversos estudios de análisis de la legibilidad en prospectos muestran que la legibilidad en prospectos es mejorable y que solo un porcentaje muy bajo (30 %) de los prospectos analizados presentan un grado de legibilidad “aceptable”.

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¿Por qué deben superar un test de legibilidad los prospectos de los medicamentos?

El objetivo del test de legibilidad es demostrar que los usuarios pueden localizar la información en un prospecto fácilmente, que la entienden y que pueden explicarla con sus propias palabras.

Es necesario realizar el test por varias razones:

  • Para verificar que el prospecto refleja el contenido de la Ficha técnica y así evitar quejas de los pacientes por encontrar información inconsistente.

  • Para evitar prospectos demasiado largos o complejos, mal estructurados, mal diseñados o mal redactados, lo que lleva a una pérdida de interés por parte del paciente que acaba no leyendo ni entendiendo información crucial para el uso correcto y seguro del medicamento.

  • Para asegurar que la información contenida en el prospecto es útil y comprensible para los potenciales usuarios.

Legibilidad y usabilidad de un prospecto: ¿son lo mismo?

La legibilidad y la usabilidad de un prospecto están intrínsecamente relacionadas. La mejora de la legibilidad de un prospecto implica la mejora directa de la usabilidad. Cuanto más fácil de leer es un prospecto, más facilitamos el uso del medicamento y más probabilidades hay de que el paciente haga un uso correcto del mismo.

A lo largo de varias entregas vamos a incidir en diferentes aspectos que mejoran la legibilidad de un prospecto y, por tanto, su usabilidad. Ya hablamos en una entrada anterior sobre la importancia de la tipografía en los prospectos y cualquier documento impreso. A continuación, hablamos sobre la extensión de un texto y su relación con la legibilidad.

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“Podemos conseguir que un texto largo invite más a la lectura que uno corto”.

El problema no es que un prospecto sea extenso, es su formato

La extensión total del texto de un documento es un factor que intimida a los usuarios con baja competencia lectora (25 % de los españoles según estudios de la OCDE) haciendo que lleguen a concluir (basándose únicamente en la longitud) que leer el documento va a ser demasiado difícil. Imaginemos el agravante de este hecho en el prospecto de un medicamento que además contiene información técnica compleja para el usuario.

Sin embargo, lo curioso de este asunto es que la percepción de “extenso” y “difícil de leer” que tienen las personas de un documento no lo es tanto por la extensión del documento en sí como por el formato. Si mejoramos el formato de un documento, podemos conseguir que un texto largo invite más a la lectura que uno corto.

Lo vemos en el siguiente ejemplo de un texto con información sobre un seguro médico.

En este párrafo “difícil de leer” la tipografía “sans serif” resulta dura en una primera impresión, las frases son largas y complicadas y el párrafo resultante es un bloque de texto muy extenso. Además, el tono empleado es impersonal y distante.

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Esta versión es más simple, las frases son más cortas, la información está bien estructurada y el tono empleado es directo y cercano. A priori, es un texto que resulta más “fácil de leer” pese a ser más extenso que el anterior.

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Como hemos visto, un formato usable y estructurado puede favorecer la lectura frente a un texto sin formato sin importar su extensión. La mayoría de las veces, cuando las personas comienzan a leer un texto extenso pero con un formato amigable se sienten aliviadas al ver que son capaces de entender la información y navegar por el documento fácilmente y se ven animadas para continuar la lectura.

Podemos mejorar la legibilidad de un prospecto y de cualquier documento médico empleando un formato adecuado para el texto por muy extenso que éste sea.

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