5 errores de usabilidad frecuentes en los prospectos de fármacos para niños

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Los niños suponen un gran reto en el uso seguro de los medicamentos. Por un lado, los bebés y niños pequeños son incapaces de comunicar una reacción adversa por la administración de un medicamento y, por otro lado, la necesidad de calcular, diluir o manipular las dosis pediátricas, junto la necesidad de dosificar en función de la edad y peso/ superficie corporal, se traduce en un mayor riesgo de errores de administración.

Los errores de medicación en niños publicados en el ámbito hospitalario (16%) son más altos que en adultos (5%) y los que resultan en lesión grave o muerte son significativamente más elevados (31%) que los que resultan en adultos (13%).

Errores de dosificación: los más graves y frecuentes

Los errores de dosificación, aquellos que se producen por una incorrecta administración de la dosis de un medicamento, están a la cabeza de los errores de medicación más graves tanto en niños como en adultos. En el caso de niños se ve más acentuado el problema por la dificultad añadida que entraña manipular y calcular las dosis pediátricas en función de factores como la edad o el peso.

Existen diversas causas que dan lugar a errores de dosificación:

  • Unidades de medida: los medicamentos se prescriben en diversas unidades de medida, generalmente expresadas mediante abreviaciones o símbolos, lo que genera un elevado número de oportunidades de error. Así, basta un punto decimal mal colocado para transformar una dosis de 1,0 mg en 10 mg, potencialmente peligrosa o incluso mortal para el paciente.

  • Abreviaturas: otro tipo de error de dosificación frecuente tiene que ver con la abreviatura de frecuencias de administración, como, por ejemplo, “3xd”, pues la “d” se puede interpretar indistintamente como “dosis” o “días”.

  • Forma de presentación: expresar las dosis mediante la forma de presentación del medicamento, ya sea en comprimidos, cápsulas o tipo de envase (ampolla o vial), aunque resulte cómodo, se traduce, en realidad, en un aumento de las posibilidades de equivocación. Un ejemplo de ello es la posibilidad de que exista más de una presentación cuyo contenido en principio activo sea variable, como es el caso de la heparina sódica, disponible en concentraciones de 1% y 5%.

  • Características del paciente: otro factor que hay que tener en consideración es si la farmacocinética del medicamento en cuestión se ve afectada por características inherentes al paciente como la edad, el peso o el sexo o relacionadas con el funcionalismo hepático o renal. Es preciso tener muy presente esta información a la hora de prescribir medicamentos que necesitan ajuste posológico en función de dichos parámetros.

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Recomendaciones para evitar los errores de dosificación

  • Siempre que sea posible, utilizar el sistema internacional de unidades para expresar la dosis de un fármaco, incorporando además la presentación, la vía de administración, la frecuencia y la duración del tratamiento.

  • Evitar abreviaturas no autorizadas.

  • En caso de niños, indicar clara e inequívocamente las instrucciones a seguir en el cálculo de las dosis en función de la edad y peso/superficie corporal.

  • Destacar otros factores a tener en cuenta en la medicación: administración con (o sin) alimentos, ritmo circadiano o interacción con otros medicamentos.

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Conclusión

Los errores de prescripción pueden ser potencialmente perjudiciales para el paciente. Se diferencian de la reacción adversa en que ésta no se puede prevenir, mientras que el error de medicación sí puede evitarse.

Los errores de dosificación son los errores de medicación más graves y pueden evitarse en gran medida si las indicaciones de administración del prospecto del medicamento son claras, inequívocas y legibles.

Prevenir y evitar errores de medicación no es solo una obligación del médico que prescribe el medicamento, sino que debe ser el resultado del esfuerzo conjunto de los profesionales de la salud implicados en la atención al paciente.

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Los niños suponen un gran reto en el uso seguro de los medicamentos. Por un lado, los bebés y niños pequeños son incapaces de comunicar una reacción adversa por la administración de un medicamento y, por otro lado, la necesidad de calcular, diluir o manipular las dosis pediátricas, junto la necesidad de dosificar en función de la edad y peso/ superficie corporal, se traduce en un mayor riesgo de errores de administración.

Los errores de medicación en niños publicados en el ámbito hospitalario (16%) son más altos que en adultos (5%) y los que resultan en lesión grave o muerte son significativamente más elevados (31%) que los que resultan en adultos (13%).

Errores de dosificación: los más graves y frecuentes

Los errores de dosificación, aquellos que se producen por una incorrecta administración de la dosis de un medicamento, están a la cabeza de los errores de medicación más graves tanto en niños como en adultos. En el caso de niños se ve más acentuado el problema por la dificultad añadida que entraña manipular y calcular las dosis pediátricas en función de factores como la edad o el peso.

Existen diversas causas que dan lugar a errores de dosificación:

  • Unidades de medida: los medicamentos se prescriben en diversas unidades de medida, generalmente expresadas mediante abreviaciones o símbolos, lo que genera un elevado número de oportunidades de error. Así, basta un punto decimal mal colocado para transformar una dosis de 1,0 mg en 10 mg, potencialmente peligrosa o incluso mortal para el paciente.

  • Abreviaturas: otro tipo de error de dosificación frecuente tiene que ver con la abreviatura de frecuencias de administración, como, por ejemplo, “3xd”, pues la “d” se puede interpretar indistintamente como “dosis” o “días”.

  • Forma de presentación: expresar las dosis mediante la forma de presentación del medicamento, ya sea en comprimidos, cápsulas o tipo de envase (ampolla o vial), aunque resulte cómodo, se traduce, en realidad, en un aumento de las posibilidades de equivocación. Un ejemplo de ello es la posibilidad de que exista más de una presentación cuyo contenido en principio activo sea variable, como es el caso de la heparina sódica, disponible en concentraciones de 1% y 5%.

  • Características del paciente: otro factor que hay que tener en consideración es si la farmacocinética del medicamento en cuestión se ve afectada por características inherentes al paciente como la edad, el peso o el sexo o relacionadas con el funcionalismo hepático o renal. Es preciso tener muy presente esta información a la hora de prescribir medicamentos que necesitan ajuste posológico en función de dichos parámetros.

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Recomendaciones para evitar los errores de dosificación

  • Siempre que sea posible, utilizar el sistema internacional de unidades para expresar la dosis de un fármaco, incorporando además la presentación, la vía de administración, la frecuencia y la duración del tratamiento.

  • Evitar abreviaturas no autorizadas.

  • En caso de niños, indicar clara e inequívocamente las instrucciones a seguir en el cálculo de las dosis en función de la edad y peso/superficie corporal.

  • Destacar otros factores a tener en cuenta en la medicación: administración con (o sin) alimentos, ritmo circadiano o interacción con otros medicamentos.

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Conclusión

Los errores de prescripción pueden ser potencialmente perjudiciales para el paciente. Se diferencian de la reacción adversa en que ésta no se puede prevenir, mientras que el error de medicación sí puede evitarse.

Los errores de dosificación son los errores de medicación más graves y pueden evitarse en gran medida si las indicaciones de administración del prospecto del medicamento son claras, inequívocas y legibles.

Prevenir y evitar errores de medicación no es solo una obligación del médico que prescribe el medicamento, sino que debe ser el resultado del esfuerzo conjunto de los profesionales de la salud implicados en la atención al paciente.

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